La reconquista del Maule: El vino chileno reinventa su relato para seducir a la generación Z

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“Vivimos probablemente la peor crisis del mundo del vino en 100 años”. Con esa crudeza define el sumiller Felipe Rivera (25) el presente de una industria que observa con preocupación la falta de relevo generacional. Ante este escenario, las bodegas del Maule están liderando un giro estratégico: han dejado en segundo plano las catas tradicionales para ofrecer experiencias inmersivas que conectan con los valores de los consumidores más jóvenes: sostenibilidad, identidad y desconexión digital.

Del aula de cata al contacto con la tierra

El diagnóstico es global. Datos de Gallup (2025) indican que solo el 50% de los adultos jóvenes en mercados clave como EE.UU. consume alcohol, una caída drástica que obliga a los productores chilenos a cambiar el “chip”. En el Maule, la respuesta ha sido volver al origen:

  • Enoturismo Participativo: Viticultores como José Luis Gómez Bastías están transformando la visita en trabajo de campo. Los jóvenes ya no solo prueban el vino; ahora podan cepas y pisan uva, buscando comprender las prácticas ecológicas detrás de la etiqueta.
  • Calidad sobre Volumen: La campaña “Yo Tomo Vino”, liderada por Ricardo Grellet, impulsa un mensaje de bienestar. El objetivo es posicionar al vino como un producto “con alma” y certificado, alejándolo del concepto de consumo masivo sin propósito.
  • Bienestar y Desconexión: Frente a un mundo hiperconectado, la nueva narrativa invita a dejar el móvil y disfrutar de una copa sin prisas, apelando a la salud mental y al disfrute consciente.

El vino como descubrimiento de identidad

Para las nuevas generaciones, el vino ya no es la bebida heredada de sus padres, sino un territorio nuevo por explorar. Creadores de contenido como Silvia Lobos (24) destacan que el interés actual radica en cómo el vino se vincula con la identidad chilena.

Este cambio de mensaje —enfocado en el relato, la ecología y la experiencia directa en el viñedo— parece ser la única vía para que las bodegas recuperen terreno ante un público que bebe menos, pero que busca productos con una propuesta clara y auténtica. “Ese es el futuro”, sentencia Gómez Bastías.

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