Un cambio drástico amenaza con modificar de raíz la geografía del vino en el país. El Valle del Maule, zona que concentra actualmente cerca del 45% de la producción total del vino chileno, enfrenta un escenario crítico que pondría en riesgo su competitividad en las próximas dos décadas. Así lo determinó el estudio científico “Assessing Climate Risk in Viticulture: A Localized Index for the Semi-Arid and Mediterranean Regions of Chile”, liderado por investigadores de la Universidad de Chile.
La investigación utilizó el Índice de Riesgo Climático Local (LCRI) para proyectar el nivel de vulnerabilidad de las comunas vitivinícolas entre los años 2046 y 2065, comparándolo con el bloque base actual (2017-2025). El modelo matemático midió de forma cruzada cuatro variables: exposición al clima, sensibilidad territorial, habilidad de adaptación y capacidad de respuesta desde la Región de Atacama hasta la del Biobío.
La paradoja del Maule y Atacama: Preparados pero sin clima
El informe arroja conclusiones complejas y preocupantes para el norte y el centro del país. Las regiones de Atacama y el Maule obtuvieron los pronósticos menos favorables debido a factores estrictamente meteorológicos derivados de la crisis climática y la escasez de agua.
Lo contradictorio del escenario es que ambas zonas registran actualmente los promedios de adaptación climática más altos del estudio: Atacama lidera con un índice de 0,43 y el Maule le sigue con 0,30. Esto significa que, aunque el Maule posee hoy la mayor infraestructura, gestión del agua, tecnología en viñedos y políticas públicas para mitigar el impacto, el factor térmico puro terminará por sobrepasar sus defensas operativas.
Biobío y Ñuble: El nuevo refugio del vino chileno viene rezagado
En la otra vereda, el estudio sitúa a las regiones de Ñuble y Biobío como los territorios que mejor resistirán los embates del calentamiento global gracias a sus condiciones mediterráneas y templadas, proyectando una resiliencia natural muy superior. En consecuencia, el sur se perfila como el nuevo eje estratégico y refugio de la industria para las próximas décadas.
Sin embargo, el informe detecta una vulnerabilidad estructural en este nuevo polo: Ñuble y Biobío presentan hoy las capacidades de adaptación más bajas de la muestra, con promedios de 0,24 y 0,28 respectivamente. Es decir, las zonas con el mejor clima futuro son las que actualmente tienen menos infraestructura, menor tecnología de riego, escasa gestión hídrica y falta de políticas sectoriales.
La investigación concluye que el potencial del sur no se concretará de forma automática. Para que Chile mantenga su posición como potencia exportadora, es urgente activar desde ya políticas públicas de largo plazo orientadas a dotar de infraestructura de riego masiva y transferencia tecnológica a Ñuble y Biobío, antes de que el Maule comience a ceder de forma definitiva su competitividad histórica.




