La industria del vino chileno enfrenta una encrucijada histórica. Según cifras de Odepa, las exportaciones cayeron un 26,4% en volumen y un 24,2% en valor en 2025 respecto al pico de 2017. El arranque de 2026 mantiene la tendencia negativa con una baja del 5,9% en los embarques del primer trimestre. En este escenario de márgenes estrechos y menor consumo global, ha surgido un debate que polariza al sector: la apuesta por el vino sin alcohol.
La vanguardia de los “Zero” y “Delight”
Para gigantes como Concha y Toro y Santa Rita, los productos de baja graduación no son solo una tendencia, sino una necesidad para conectar con las nuevas generaciones.
- Viña Concha y Toro: Tras lanzar Casillero del Diablo Belight (8,5°), en 2025 introdujo el espumante Casillero del Diablo Sparkling Zero (0% alcohol). La firma asegura que la innovación es parte de su ADN para mantenerse cerca de los consumidores.
- Viña Santa Rita: Reporta que sus líneas 120 Zero y 120 Delight han crecido un 68% anual desde su lanzamiento. Además, apuestan por cócteles listos para servir como 120 Spritz, un segmento que creció un 7,6% en volumen durante 2025.
La visión tradicional: El vino es identidad y alcohol
En la otra vereda, importantes referentes descartan sumarse a esta categoría, defendiendo la naturaleza intrínseca del producto.
- Viu Manent y Viña Vik: Ambas bodegas han decidido no desarrollar desalcoholizados por ahora. José Miguel Viu sostiene que es una categoría de “baja rotación” y presencia limitada en góndolas.
- Mario Pablo Silva (Casa Silva): Es uno de los críticos más tajantes, afirmando que el vino sin alcohol es “otro producto” que pierde las características esenciales y que solo representará un nicho pequeño. Para Silva, el camino es la premiumización y el apoyo del Estado a la imagen país.
- Miguel Torres Riera: El presidente de Familia Torres confiesa que inicialmente se opuso a estos vinos por su calidad. Sin embargo, la insistencia del mercado lo llevó a lanzar la línea Serena, que ya representa entre el 5% y 10% de los ingresos del grupo, aunque él personalmente sigue prefiriendo el vino tradicional.
El factor generacional: Salud sobre tradición
El trasfondo de esta crisis es un cambio profundo en los hábitos. Una encuesta de Gallup (2025) en EE.UU. reveló que solo el 50% de los adultos jóvenes consume alcohol, una caída significativa frente al 59% de hace solo dos años. Ante una juventud que percibe el consumo —incluso moderado— como perjudicial, la industria chilena se debate entre mantenerse fiel a sus raíces de alta gama o diversificarse hacia formatos más livianos y versátiles para no perder relevancia.




