Las alarmas se han encendido con fuerza en el sector vitivinícola global. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un duro ultimátum al Gobierno de Francia, amenazando con aplicar un arancel del 100% a todos los vinos y champanes procedentes del país europeo. La drástica medida económica se ejecutaría si el Ejecutivo de Emmanuel Macron no elimina el gravamen del 3% que aplica a los servicios digitales, un impuesto que, según la Casa Blanca, perjudica directamente a las corporaciones tecnológicas estadounidenses.
La “tasa digital” de la discordia
El foco del conflicto radica en el impuesto a los servicios digitales —un modelo que también han implementado de forma similar países como España, Reino Unido, Italia, Austria o Hungría—. Esta normativa impone una tasa del 3% a los ingresos generados por motores de búsqueda, plataformas de redes sociales y mercados en línea que operan y obtienen valor en territorio francés.
El objetivo de París es obligar a los gigantes tecnológicos a tributar en el lugar exacto donde se consumen sus servicios, en vez de desviar los impuestos a los países donde están radicadas sus sedes matrices. Sin embargo, para Donald Trump, este gravamen está diseñado con el único fin de “aprovecharse” de las firmas estadounidenses.
Un mercado de 2.400 millones de euros en peligro
La sola posibilidad de que se aplique esta barrera arancelaria ha desatado el pánico en las bodegas galas. El impacto financiero de duplicar el precio de exportación en los puertos americanos sería catastrófico: Estados Unidos es actualmente el mayor importador de vino y champán francés del planeta, con un valor comercial que ronda los 2.400 millones de euros anuales.
La agresiva ofensiva retórica de Washington se da justo en la antesala de la cumbre del G7 en la ciudad francesa de Evian, instancia donde tanto Trump como Macron se verán las caras y que quiebra la aparente tregua diplomática que París y Washington venían exhibiendo en el último tiempo.




